Para dimensionar el problema desde otra perspectiva, hagamos una aproximación burda de la realidad. Para ser "optimistas", digamos que solo un tercio de estos casos son genuinos falsos positivos (y dudo que solo sea un tercio). Eso nos habla de 327 falsos positivos en los últimos 7 años. Un informe de la fundación Seguridad y Democracia nos dice que entre 2003 y 2006 se han dado 6.521 bajas de irregulares (paras+eln+farc), sumemos el doble de la media de estos años para llenar los huecos de 2007 y 2008, esto nos daría un total de 9.781 bajas entre 2002 y 2008, un número que parece consistente si tenemos en cuenta que las farc pasaron de ser 16.900 en la época del Caguan a ser alrededor de 8.000 en la actualidad.
Esto querría decir más o menos que por cada 30 irregulares dados de baja (5 paras, 19 farc y 6 eln, aproximadamente), se ha asesinado a un inocente. De nuevo, esto suponiendo que solo un tercio de las denuncias son verdaderas. ¿Que tal que la mitad sean verdaderas? Habría entonces una víctima inocente por cada 15 irregulares dados de baja. ¿Y si casi todos fueran auténticos falsos positivos? Entonces una vida ha sido el precio de la muerte de siete irregulares.
La seguridad que percibimos ha costado más sangre de la que solemos creer.
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